viernes, 18 de febrero de 2011

Tríptico de Trinidad, de Carlos Gardini, mejor novela de fantasía heroica de 2010 para Locus Online

Tríptico de Trinidad de Carlos Gardini ha sido destacada por el crítico Larry Nolen de Locus Online como la mejor novela de fantasía heroica de 2010:

Larry Nolen's Best Heroic Fantasy of 2010

La lista de Nolen recoge también otros autores de nuestros sellos, como Andrzej Sapkowski (con La dama del lago 2, última entrega de la Saga de Geralt de Rivia) y Paul Kearney (con Corvus, el segundo volumen de su nueva trilogía).

Una versión más extensa de la opinión de Nolen sobre Tríptico de Trinidad se recoge en esta entrada.

Y en esta otra encontraréis mi opinión sobre la adscripción genérica de Tríptico..., entre otras consideraciones.

Mi enhorabuena a Carlos Gardini, que ha escrito una obra realmente especial, y que merece sobradamente este reconocimiento.

Disponibilidad de La espada del destino (Alamut) en tapa blanda

Bella preguntó:

Me regalaron la edición en tapa blanda con solapas [de El último deseo de Andrzej Sapkowski] que su editorial Alamut sacó en 2009. Es preciosa, se lo aseguro. Quedé muy encantada con el libro [...], tanto, que decidí por supuesto leerme los demás libros de la saga. ¡Cuál fue mi sorpresa al ver que La espada del destino no está en ninguna librería! Bueno, en ninguna librería en ESA edición. [...] ¿Podría decirme si han retirado la edición? Debo comentar que he visto los demás títulos de la saga en ESA edición, pero La espada del destino, no. ¿A qué se debe?

Te respondimos por e-mail el pasado mes de enero, pero en beneficio de los demás lectores que puedan haberse encontrado en la misma situación, te contesto también aquí, ampliando un poco la información.

La edición de Alamut y tapa blanda de La espada del destino no está descatalogada, y hay existencias de sobra. No en vano, sumando todos los formatos en que lo hemos publicado, éste es nuestro segundo título más vendido.

En principio, pues, no debería ser difícil encontrar la edición que buscas, pero si en tu librería habitual no la tuvieran actualmente, puedes decirles que la pidan a nuestra distribuidora.

También puedes probar a encontrar este libro en alguna de las librerías online que ofrecen nuestros títulos: por ejemplo, Cyberdark, Fantasytienda o Estudio en Escarlata. (Si alguna otra librería que tenga este título en stock quiere dejar su enlace en los comentarios de esta entrada, agradeceré la información.)

Estas indicaciones, desde luego, valen para conseguir cualquier título de nuestros catálogos.

jueves, 17 de febrero de 2011

Nuevas entregas de Marco Corvino

Welzen preguntó:

Hola. Acabo de leer Las cenizas de Ovidio, un libro que me ha gustado bastante. Me gustaría saber si pensáis continuar con la serie. Investigando por ahí he visto que en 2010 se publicó la decimotercera novela de Corvino. Gracias.

Nuestra apuesta por la Serie de Marco Corvino de David Wishart ha sido firme desde el principio, ya que contratamos las dos primeras entregas a la vez. Afortunadamente, a tenor de las ventas de Las cenizas de Ovidio, parece que a los lectores les ha interesado esta propuesta, por lo que estamos preparando la publicación de su continuación. Si todo va bien, se pondrá a la venta el próximo mes de mayo bajo el título de La muerte de Germánico.

Si tenéis curiosidad, aquí encontraréis la presentación que hice en este blog del primer libro de la serie.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Colaboración con Círculo de Lectores

Carlos preguntó:

Una duda, ¿cómo se planteó la colaboración con Círculo [de Lectores]? ¿Se ponen en contacto ellos con usted? ¿O es al revés?

En los contratos de edición se pueden incluir los llamados derechos subsidiarios, esto es, la posibilidad de ceder la obra objeto del contrato a otros editores para usos distintos: para su publicación seriada, o su edición en bolsillo... y también para su edición en club del libro. En estos casos, el editor firmante del contrato de edición se convierte en una suerte de intermediario entre el autor (o su agente) y el editor que desea adquirir este derecho subsidiario, y por ello se suele estipular que percibirá una parte de los ingresos producidos por la cesión (habitualmente, el 40 o el 50%). Por ello a los editores les interesa proponer las obras que publican a otras editoriales para que realicen ediciones club, de bolsillo o de cualquier otra modalidad que contemple el contrato (suelen ser formatos de edición que no realiza el propio editor).

A Círculo de Lectores le propusimos la edición de varias obras publicadas por Bibliópolis y Alamut, y ellos decidieron cuáles les interesaban. La Saga de Geralt de Rivia la aceptaron enseguida, y otra serie que les ofrecimos y que publicaron más tarde fue Juego de Enigmas de Patricia A. McKillip.

Pero, por ejemplo, no llegaron a decidirse por otros títulos que les ofrecimos con la misma intensidad, como las novelas holmesianas de Rodolfo Martínez (La sabiduría de los muertos, Las huellas del poeta, La boca del infierno y El heredero de nadie) o la Serie de la Ribera de Ellen Kushner y Delia Sherman (A punta de espada, El privilegio de la espada y La caída de los reyes).

En cambio, la edición en Círculo de El tapiz del vampiro de Suzy McKee Charnas se produjo a iniciativa suya, para formar una colección de temática vampírica.

martes, 15 de febrero de 2011

La dama del lago 2, de Andrzej Sapkowski, en la FNAC

Aquí tenéis otro ejemplo de comentario realizado por un dependiente de la FNAC de un título nuestro, concretamente de La dama del lago 2 de Andrzej Sapkowski, que merece la pena reseñar por emocionado y sentido (pinchando sobre la imagen la veréis a tamaño completo):


(Fotografía de Daniel Gonzalo.)

jueves, 10 de febrero de 2011

Formato de tapa dura para novelas cortas

Jordi (Valencia) propuso:

Una pregunta: ¿cómo se vendió La tarde dorada [de Andrzej Sapkowski]? Lo digo porque, quizá en un formato parecido, sí que sería posible publicar este relato [de Ted Chiang] sin necesidad de juntarlo con otros.

La tarde dorada se vendió bastante poco para tratarse de una obra de Sapkowski, y siempre he supuesto que el formato, relativamente caro, tuvo parte de la culpa. (El resto lo atribuyo a que la distribución fue pésima, aunque ciertamente es un título que tampoco ha sido rescatado por los lectores tras ser mal distribuido en la misma medida que ha sucedido con otros.)

No me animaría a editar ningún texto corto en un formato parecido, por tanto, ni siquiera con los añadidos de las ilustraciones y la tapa dura (que son, precisamente, los que encarecen la producción).

miércoles, 9 de febrero de 2011

Continuación de La frontera de norte, de Feliks W. Kres

Kike dijo:

¿Habrá continuación a La frontera del norte de Feliks W. Kres? Me sorprendió muy gratamente, aunque me temo que la acogida no fue todo lo buena que se esperaba.

Como conté en esta entrada, La frontera del norte es, por desgracia, uno de los títulos cuyas ventas no justifican la publicación de las demás novelas del autor situadas en el mismo universo. No obstante, es una idea que nunca he descartado del todo, asumiendo, eso sí, que se trataría de una publicación con probables pérdidas.

martes, 8 de febrero de 2011

Asimov's Mysteries

Andoni dijo:

Espero que el título Asimov's Mysteries lo traduzcáis al castellano y no lo dejéis tal cual en inglés. En Alianza lo editaron como Estoy en Puertomarte sin Hilda y otros cuentos, claro que no es tampoco la solución.

Sí que vamos a traducir el título Asimov's Mysteries y no pensamos hacerlo por Estoy en Puertomarte sin Hilda (título de uno de los relatos incluidos en esa colección que, por cierto, ya aparece en una anterior, un caso único en las recopilaciones originales de Asimov que tiene su justificación, como explicaré en su momento). Pero, ¿alguna sugerencia sobre cuál sería el título óptimo?

lunes, 7 de febrero de 2011

Las cenizas de Ovidio, de David Wishart, en la FNAC

Con cierta frecuencia, nuestros libros son destacados en la FNAC con un comentario del dependiente. Así ha sucedido hace poco con Las cenizas de Ovidio de David Wishart, que mereció este parrafito (pinchando sobre la imagen la veréis a tamaño completo):


(Foto de Daniel Gonzalo.)

lunes, 31 de enero de 2011

¿Saldar o no saldar?

En el momento de crear este blog, la categoría "mis dudas" estaba pensada como una forma de clasificar aquellas cuestiones que me han dado mucho que pensar pero donde todavía no he llegado a una conclusión. Aunque hasta ahora sólo le he dedicado una entrada, hay varios temas que me llevan rondando algunos años, y que no he llegado a discutir aquí porque no ha surgido la ocasión. (Para hablar de la necesidad del catálogo en la entrada citada, tuvo que llegar el agónico momento de ponerme a hacer uno, o más bien dos.)

Pero aunque no haya surgido específicamente la oportunidad, creo que es pertinente hablar de un tema que suele estar en el aire en esta época del año: los saldos.

En la biblioteca de todo lector de fantasía y ciencia-ficción hay un cierto número de títulos (a veces, la mayoría) que se han adquirido a un precio muy inferior al de puesta a la venta. No me refiero a los libros adquiridos en el mercado de segunda mano, sino a los que han sido rebajados por sus editores con ocasión de su descatalogación. A eso es a lo que llamamos habitualmente un saldo.

Antes de continuar, tengo que advertir que las reflexiones que siguen se basan sólo en mi experiencia indirecta; esto es, aunque llevo casi una década siendo editor y a estas alturas conozco al dedillo algunas partes de negocio editorial, en lo referido a los saldos mis conocimientos son sólo marginalmente mayores que los de un lector bien informado, ya que carezco de experiencia directa: nunca he saldado mis libros (con la salvedad que contaré más abajo). ¿Por qué no lo he hecho, si otras editoriales lo hacen rutinariamente? Ésa es la pregunta a la que voy a intentar responder a continuación.

Tradicionalmente, hay dos razones por las que los lectores de fantasía y ciencia-ficción nutren sus bibliotecas con saldos en una mayor proporción que los lectores de otros géneros (según sugieren las pruebas anecdóticas).

La primera, que estos lectores suelen pertenecer a redes de intercomunicación (las tertulias, fanzines y convenciones ayer, los diversos avatares de internet hoy) que les permiten estar al tanto de la aparición de los saldos y aprovecharlos. Si podemos suponer que un saldo de cualquier otro género o temática va dirigido a los compradores de impulso, que se verán seducidos por el bajo precio de títulos que en principio les son indiferentes, me atrevo a suponer también que con los lectores de género sucede lo contrario: conocen los títulos que se saldan, pueden discriminar entre ellos los más interesantes, y acuden ex profeso allí donde haya saldos (todo lo cual no quiere decir que no se produzca además compra de impulso, claro). En otras palabras, la organización social de los lectores de género favorece que compren todo lo que puedan en saldos.

La segunda, que la fragilidad de la edición de ciencia-ficción y fantasía en España ha propiciado históricamente el cierre sucesivo de la mayor parte de las colecciones dedicadas a estos géneros, cierres que han solido ir seguidos de saldos de los títulos desahuciados. Es decir, que la inestabilidad consustancial a esta industria editorial particular propicia la aparición de saldos más amplios que en otros géneros.

En esta visión tradicional, los saldos de estos géneros no sólo son una dolorosa consecuencia de la estrechez del mercado de fantástico, sino también un mal irredimible que hace que nuestro público objetivo dirija sus escasos fondos no a la compra de las novedades, sino a la de títulos fracasados comercialmente, estrechando por tanto aún más el mercado en un círculo vicioso propio de tragedia griega.

Pueden añadirse también otras consecuencias innegablemente perniciosas de los saldos. La editorial que los practica puede llegar a ser conocida entre los aficionados por ofrecer sus títulos, pasado un tiempo de la puesta a la venta, a un precio muy rebajado, lo que podría desincentivar la compra de sus novedades a su precio completo.

Se puede argumentar también que un público acostumbrado a comprar muy barato deja de entender el porqué de los precios habituales de los libros; es decir, tiene una impresión falsa del coste real de producción. Y esto es así porque mientras que del precio de venta normal obtienen un rendimiento el librero, el distribuidor, el editor, el traductor, el impresor y los demás implicados en la producción del libro (como conté someramente aquí), del precio de venta del saldo sólo se benefician el librero, el distribuidor y el editor. El autor no entra en el reparto; no digamos ya el traductor. ¿Y qué respeto por el fantástico y sus practicantes pueden sentir unos lectores habituados a disfrutar de libros saldados, cuyos autores, por definición, no han sido remunerados? ¿Cómo pueden llegar a apreciar el trabajo del traductor, si de entrada asumen que su trabajo no merece una retribución? Y, en definitiva, ¿cómo pueden considerar importante y digna su afición, si se basa la aceptación de unas prácticas injustas? La respuesta puede ser que el lector de fantasía y ciencia-ficción acepta implícitamente, mientras disfruta de los saldos, que su afición es exactamente tan vulgar, tan poco valiosa y tan poco digna como sus detractores dicen que es. Frecuentar saldos puede verse, entonces, como una forma de autodesprecio. Y si todos lo hemos hecho, ¿qué dice eso de nosotros como colectivo?

Ahora bien, si la cosa estuviera tan clara, esta reflexión no aparecería en la categoría reservada para mis dudas. Hace unos años, cuando se me planteó la posibilidad de saldar aquellos ejemplares de mis libros que en aquel momento generaban un gasto de almacén que no se justificaba por la posibilidad de que en algún momento se fueran a vender, dediqué un tiempo a examinar fríamente los pros y los contras de esta solución.

Lo primero que hay que decir frente a la visión antes expuesta es que no sólo saldan las editoriales que cierran o las colecciones que desaparecen. Cada vez más, es práctica habitual de algunas editoriales grandes, pequeñas y medianas el saldar segmentos de sus líneas editoriales periódicamente, en fechas escogidas que suelen coincidir con épocas de rebajas. Por supuesto, detrás del saldo se encuentra el mismo fracaso comercial al que me refería antes, pero al producirse periódicamente, no da la impresión de reflejar el hundimiento de un proyecto, sino un mero resarcirse en alguna medida de operaciones comerciales no suficientemente exitosas. Esto tiene una lectura positiva: en una época en que la vida del libro, su presencia en librerías, es cada vez más corta, ¿es realmente reprochable que el editor use el saldo, uno de los pocos medios de relazamiento y reposicionamiento a su alcance? Así, el saldo pasaría de ser un síntoma de decrepitud a una saludable política industrial.

Esto viene corroborado por las formas que ha adoptado el saldo en los últimos años. Si originalmente el editor entregaba los ejemplares a saldar a distribuidores especializados a cambio de un precio mínimo, y éstos rotaban esta mercancía por puntos de venta específicos (ferias del libro usado, cadenas de tiendas con secciones de saldos...) hasta que se agotaba, asumiendo el riesgo de que no se vendiera (o eso tengo entendido: ya digo que carezco de experiencia directa), en la actualidad las editoriales prefieren, como paso previo, cambiar los precios a los libros (hasta niveles de saldo) y ofrecerlos a ese nuevo precio a sus puntos de venta habituales (sobre todo, grandes superficies), donde pueden formar parte de promociones especiales pero, en todo caso, siguen estando en el circuito normal del libro, lo que quiere decir que pueden ser devueltos. El saldo, con sus connotaciones de ser poco más que llamar al trapero para que se lleve los papeles viejos, se sustituye por la oferta a bajo precio, una sagaz política comercial que tiene la ventaja de eludir hábilmente las limitaciones del precio fijo obligatorio. Más limpio, más moderno, más profesional.

(Pero este punto de vista tiene un lado nada, pero nada bonito: si el saldo o el repreciado está absolutamente integrado en el calendario de la editorial, es fundado suponer que el editor ha previsto los rendimientos posibles del saldo como parte integral de su cálculo de costes y beneficios de un título dado. Es decir, el editor puede haber decidido de antemano que parte de su negocio pasa por no pagar parte de las ventas al autor y otros colaboradores.)

Por otra parte, pueden señalarse los efectos positivos de un saldo. ¿Cuántos autores hemos leído porque les dimos una oportunidad gracias al bajo precio? Por no hablar de cuántos libros mediocres han merecido una opinión indulgente gracias a la satisfacción que produce el haberlos comprado baratos. ¿No es esto, después de todo, bueno para el lector, el autor y el editor? Y si un libro tiene más oportunidades de ser leído y disfrutado si se salda, ¿cuánto de nuestro acervo de grandes obras del género reposa sobre el saldo, esa gran práctica popularizadora? Basta examinar cualquier lista de los mejores libros de fantasía y ciencia-ficción. El saldo, desde este punto de vista, sería como una siembra; una forma de cultivar un mercado. En el mejor de los casos, un autor saldado puede ser reeditado años después, aprovechando la relativa popularidad cosechada.

Así que tenemos por un lado las razones para no saldar (posible mala imagen para la editorial, socavamiento de un mercado delicado, desprestigio del género, desincentivación de la dedicación profesional de los escritores...), y por otro las razones para hacerlo (dar un último aliento al libro, resarcirse de las pérdidas, popularizar a los autores, llegar a nuevos lectores...).

Por supuesto, no he citado hasta ahora la causa inmediata fundamental de los saldos, sean consecuencia de un final de proyecto o una práctica regular de una editorial en marcha: que a veces hace falta dinero, y rápido, y convertir en líquido (por poco que sea) los ejemplares almacenados (que sólo generan costes) es una tentación inevitable. Tener 50.000 ejemplares almacenados sin posibilidad de salida es un gasto inútil; pero si por cada ejemplar podemos sacar un euro, la cosa pinta de otra manera, ¿verdad? Así que la causa fundamental de un saldo sería, después de todo, obtener financiación, y las demás razones podrían ser racionalizaciones de esta necesidad.

Como contaba antes, hace unos años se me planteó esa posibilidad. Por suerte, al sopesar los pros y los contras me di cuenta de que no me afectaba la razón fundamental: no me hacía falta refinanciarme urgentemente. Podía, por tanto, considerar las demás razones a favor sin verme conminado a aceptarlas, y examinarlas sin que fueran racionalizaciones. Encontré que pesaban considerablemente... y sin embargo, no saldé. Al final (e insisto que gracias a que me encontraba en la posición privilegiada de no necesitarlo), me di cuenta de que, por mucho que ganase saldando, perdería el respeto por mi trabajo al que me refería más arriba. Creo que puede argumentarse que el editor que salda está emitiendo el mismo mensaje sobre los géneros que acepta implícitamente el lector que compra el saldo: no es digno, no es importante, no vale la pena. Y como mi interés por publicar ciencia-ficción y fantasía es mucho más que comercial, y supone la plasmación de una vida de afición, no creo que pudiera seguir haciéndolo si asumiese que este interés es por algo indigno, vulgar o carente de sentido. Mi entusiasmo, mi creencia en mis libros, mi compromiso con lo que hago, es una parte fundamental del placer que me causa mi trabajo, y dado que el día a día de un pequeño editor tiene otras facetas menos placenteras, creo que es sensato defender aquello que lo hace satisfactorio y le da sentido.

Y como conclusión de ese proceso, solucioné el problema de los ejemplares sobrantes dedicándolos a actividades promocionales: no obtuve ningún rendimiento económico por ello, pero afortunadamente tampoco me vi en la tesitura de tener que destruirlos y, ¿quién sabe?, quizá alguno de esos ejemplares acabó causando algún bien, en el mismo sentido en que teoricé que podría hacerlo un saldo, pero sin sus consecuencias perjudiciales.

Ahora bien, según alcanzaba esta conclusión, me di cuenta también de que ésta era tan rematadamente sentimental que no tenía por qué extenderse a las partes de mi actividad editorial con las que mi conexión emocional fuera menos intensa. Al concluir que no saldar era una consecuencia lógica de mi gusto por los géneros fantásticos, automáticamente asumí que podría saldar, si era necesario, mis títulos de otros géneros. Y aunque con el paso el tiempo se vio que no era realmente necesario en términos financieros, no puedo negar que sentía curiosidad por el proceso; y además, una vez había desarrollado hipótesis positivas sobre el saldo, ¿no habría que probarlas?

Finalmente, hace unos meses reprecié un título del que me sobraban ejemplares y que consideré que así podría encontrar un público nuevo, El evangelio secreto de Kiril Yeskov (publicado en 2006), y la distribuidora de Bibliópolis lo ofreció a varios puntos de venta (fundamentalmente una gran superficie, pero cualquier librero interesado puede recibirlo al nuevo precio). Es muy pronto para evaluar los resultados (ya conté que con este sistema, los libros pueden ser devueltos), pero de entrada parece que se han generado muchas ventas. Desde luego, quedan muchos flecos por aclarar, y precisamente por eso ha sido una buena idea hacer el experimento. Por ejemplo: mi intención es mantener todos mis libros en catálogo. ¿Cómo afecta a esto el nuevo precio? ¿En nada? Quizá, o quizá no; lo averiguaré sobre la marcha.

Dando por sentado que ha sido satisfactoria (lo que es mucho anticipar, pero bueno), ¿repetiré la experiencia? Con algún libro histórico o general publicado hace el suficiente tiempo (idealmente, cuatro o cinco años), seguramente sí... si la distribuidora lo acepta, que no es algo tan automático; pero con libros de ciencia-ficción y fantasía, seguramente no, nunca.