lunes, 12 de julio de 2010

Toda colección pasada fue mejor

Víctor Derqui dijo:

Estimado "Arti": desde mi humilde opinión de simple aficionado, tengo la convicción de que muchos de los títulos de vuestra primera época (la más "cienciaficcionera") merecen, sin ninguna duda, el mismo destino (callado, pero imparable) de La historia de tu vida. Sólo por nombrar algunos cuyo carácter de obras maestras me parece incuestionable: la (magnífica) trilogía de Viriconium (Tormenta de alas es uno de mis top ten de toda mi vida lectora), Luz, Los tejedores de cabellos, El año de nuestra guerra (que, si bien no considero una obra maestra, sí me parece un libro encantador...); muchos de los fragmentos que transcurren en la oscuridad de la Casa de Sangre que, casi, casi, protagoniza Dorada, etc., etc.

La verdad es que tenéis un catálogo lleno de obras que merecen la mejor de las acogidas. Ojalá que el tiempo navegue a vuestro favor y se produzcan muchos otros milagros.

Muchas gracias por tu extensa opinión sobre algunos de nuestros títulos. De verdad que da mucha satisfacción saber que esos libros, tanto los que se vendieron mucho como los que se vendieron poco, encontraron algunos lectores que los supieron apreciar en lo que me parece su justa medida. Fuera cual fuera su suerte comercial, el orgullo de editarlos no me lo quita nadie.

Creo que lo que se pudo notar en esa primera época de Bibliópolis Fantástica (digamos entre 2002 y 2006 o 2007) es que fueron los años en que estuve tanteando cuánto valor daba el mercado a mi criterio literario. Es decir, fue la época en que una mayoría de los títulos que publicaba respondían casi exclusivamente a mi propio interés como lector. Este planteamiento puede parecer ingenuo (¿dónde va un editor publicando sólo lo que le gusta?), pero en mi opinión lo ingenuo es descartarlo de antemano: ¿y si resulta que el mercado valora tu criterio literario? ¿No haría eso el trabajo editorial más fácil y agradable? Por tanto, era racional probar durante unos años y bien a fondo la efectividad comercial de mi criterio.

Pero también fue racional, al cabo de un tiempo suficiente (y cuatro o cinco años lo son), dar por concluido el experimento. Mis conclusiones fueron que, aunque efectivamente mi criterio puramente literario tenía cierta eficacia comercial, y efectivamente un gran número de lectores había quedado convencido de que Bibliópolis Fantástica era sinónimo de calidad y garantía de una buena experiencia lectora... las ventas no eran suficientemente altas para mantener indefinidamente la colección en esa línea. Ya me habría gustado que no fuera así, pero realmente los datos eran incontrovertibles: por cada libro que cubría gastos (incluso si lo hacía a largo plazo, como el caso de La historia de tu vida de Ted Chiang y otros títulos a los que me referí en esta entrada), había otros que no lo hacían, en ocasiones catastróficamente. Además, las ventas medias empeoraron considerablemente a partir de 2006 (luego he visto que fue un fenómeno generalizado), por lo que no había esperanzas de que la tendencia se corrigiera. Huelga decir que fueron las ventas continuadas de la Saga de Geralt de Rivia las que permitieron mantener la colección en esa vía relativamente experimental durante tanto tiempo, pero en definitiva esto significa que durante años hubo un trasvase constante de beneficios de Sapkowski para cubrir pérdidas de otros autores, lo que no podía hacerse indefinidamente. Por poner un par de ejemplos, títulos como los mencionados Dorada de Lucius Shepard y Tormenta de alas de M. John Harrison supusieron unas pérdidas de en torno a 3.000 euros cada uno; es decir, que pagué a 3.000 euros la pieza por el placer de editarlos.

El cambio de rumbo que tuvo lugar en 2008 no podía de ningún modo eliminar el riesgo de mi negocio (editar es un juego de azar, y el editor tiene algo de ludópata), pero sí que buscó (y consiguió) reducir el número de las ocasiones de probables pérdidas. Sigo editando, desde luego, basándome principalmente en mi criterio literario, pero he disminuido el riesgo de pérdidas catastróficas mediante diversos sistemas: sobre todo, reduciendo las tiradas iniciales (casi todos los libros de Bibliópolis Fantástica en 2009 y 2010 han tenido tiradas cortas), pero también diversificando los géneros que publico y afinando un poco más la presentación de los libros... y, desde luego, intentando orientar mis decisiones hacia lo comercial, aunque en definitiva esto no garantiza necesariamente las ventas: éste sigue siendo un negocio en el que, en el fondo, nadie sabe qué hace que un libro se venda.

A pesar de todo esto, creo que sigo siendo en lo esencial el mismo editor que empezó a publicar profesionalmente en 2002. A fin de cuentas, el giro de 2008 fue un cambio voluntario, sólo parcialmente obligado por las circunstancias: no se puede decir que me fuera tan mal que no tuviera más remedio que hacerlo. Fue, en suma, resultado de una reflexión sobre cómo quería continuar haciendo mi trabajo, y en ese sentido no me produjo ninguna frustración ni amargura (aunque mis primeros años de despreocupación editorial me producen cierta nostalgia). Así que, contra el viento de la desafección de una mayoría de mis lectores objetivos y la marea de una distribución errática, creo que he conseguido preservar el capital más importante de un pequeño editor: la ilusión. Eso es lo que hace que siga buscando libros sensacionales con el entusiasmo del primer día, y lo que garantiza que seguiréis encontrando motivo de asombro y maravilla en mis títulos.

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