jueves, 1 de julio de 2010

Reseña de Relatos completos 1, de Isaac Asimov

Ha aparecido en Bem Online la siguiente reseña de Relatos completos 1 de Isaac Asimov:

Relatos completos 1

Para mí ha sido una experiencia interesante editar este primer volumen de Relatos completos: incluye el mismo material (con nueva traducción) que leí de niño en las llamadas Selección 1, 2 y 3 de Libro Amigo de Bruguera, probablemente lo primero que cayó en mis manos de Asimov tras la trilogía de Fundación. En aquel momento no tenía manera de saber que estaba leyendo cuentos primerizos del autor: tanto esa edición como las posteriores en España huyeron del título original (The Early Asimov, traducible como El primer Asimov, El Asimov inicial o, como hemos elegido nosotros, El joven Asimov) y sus implicaciones de obra inmadura para inventar títulos rimbombantes que no coincidían con el contenido. (Al menos Selección era honrado en su parquedad, pese a tratarse más bien de una selección inversa o por descarte, como se verá luego; pero sólo a un genio del mal -lo digo con admiración- podía ocurrírsele el título de La edad de oro con el que ha estado también a la venta en bolsillo). Así pues, leí estas colecciones de relatos sin prejuicios, las releí varias veces, las disfruté muchísimo cada vez y guardé muy buen recuerdo de ellas. Me encantaban los cuentos "La amenaza de Calisto", "Mestizos", "Navidades en Ganímedes" o "El cronogato", por ejemplo.

En la relectura que hice al revisar la nueva traducción de esta edición, me sorprendió lo bien que funcionaban relatos de los que guardaba un recuerdo muy difuso: la mayor sorpresa fue lo divertido que es "¡Autor! ¡Autor!", pero también me llamaron mucho la atención "El hombrecillo del metro", "Superneutrón" y "Ritos legales". Sobre todo, por fin le pillé el chiste a "Las propiedades endocrónicas de la tiotimolina resublimada": no consiste sólo en que describa con el tono árido de un ensayo científico las propiedades fantásticas de una sustancia, ¡es que esas propiedades fantásticas se usan para un fin de lo más prosaico!

Pero los relatos son sólo una parte de lo que hace interesante este volumen. Como hemos destacado en los textos de cubierta, el libro incluye amplias introducciones a los relatos, que prácticamente suman un ensayo de larga extensión, y que aportan el contexto en que se escribieron, la reacción de los editores que los publicaron y apasionantes atisbos del comienzo de la carrera literaria de Asimov. Éste era famoso por las introducciones de sus relatos (y los de otros, en las antologías que recopiló), pero las de estas colecciones concretas, posiblemente junto con las de las antologías de Los premios Hugo, siempre me han parecido particularmente interesantes por un motivo completamente extraliterario: tengo la sospecha de que fueron el vehículo principal (quizá con la autobiografía del propio Asimov) mediante el que se importó y se popularizó en España el concepto tradicional de fandom americano que, debidamente adaptado, me encontré cuando yo mismo empecé a tratar con otros aficionados activos a mediados de los noventa. Ojo, no quiero decir que el fandom español se organizase nunca exactamente como el estadounidense, sino sólo que encontré un juego de autoimágenes y expectativas que, andando el tiempo, me di cuenta de que no se correspondían a la experiencia española, sino a la americana... tan bien contada por Asimov. Por poner sólo un ejemplo, estaba la idea prácticamente incontestada de que los aficionados de hoy serían los profesionales de mañana, ¿y dónde está mejor expuesto ese concepto que en los recuerdos asimovianos de la experiencia de su grupo de amigos en los años cuarenta y cincuenta?

Por último, hay que decir que, pese a la mala fama que acumuló Asimov en su última década al ampliar sus series clásicas y aceptar novelizaciones y colaboraciones que suponían poco más que una explotación de su marca, mi impresión es que al menos hasta comienzos de los ochenta fue un escritor de una honradez ejemplar. La prueba: a lo largo de los años, fue recopilando sus relatos (publicados previamente en revistas) en colecciones que incluían lo que él consideraba su mejor producción hasta la fecha. Cuando a principios de los setenta sus editores le hicieron ver que tenía relatos no recopilados para llenar tres coleciones más, su reacción inicial (explicada por él mismo, pero confirmada por los hechos) fue decir que esos cuentos eran, en su mayoría, primerizos, y que si no los había recopilado antes era por una buena razón. No por última vez, sin embargo, cedió a los halagos de sus editores, que le convencieron de que incluso esos relatos descartados (de ahí la selección inversa a la que me refería antes) serían de interés para los lectores. Asimov cedió, pero con una condición: explicaría a los lectores las circunstancias en las que escribió y publicó los relatos, para que no se llamaran a engaño.

¿No es maravilloso? Por temor a frustrar a sus lectores, Asimov creó un artefacto mezcla de ficción y no ficción que no sólo fue muy bien recibido por sus fans (incluido, como he contado, el que suscribe), sino que aportó ideas sobre actividades que imitar y proyectos que fijarse a aficionados a muchos miles de kilómetros (y muchas décadas) de distancia.

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